
A partir del 1 de enero del año 2006 entró en vigor la ley 28/2005 de 26 de diciembre. Ley que regula la venta, el consumo, la publicidad y la promoción del tabaco con el objetivo de proteger la salud de la población.
En algunas comunidades autónomas, la ley tiene desarrollada legislación de aplicación; este no es el caso de la Comunidad de Madrid, que al no actuar parece no dar importancia al tema.
De la carencia de reglamentación se deriva una mayor tolerancia al consumo y una mayor indefensión para los no fumadores.
A pesar de que se conoce que el tabaco deteriora la salud, a algunas personas les resulta prácticamente imposible dejar de fumar, debido a los productos que incorpora la industria tabaquera a los cigarrillos.
Si se examina la composición del tabaco se pueden encontrar alrededor de cinco mil sustancias tóxicas. Algunos de estos elementos son añadidos con el propósito de incrementar la adicción del fumador, otras para mejorar el aroma y el sabor del tabaco procurando una mayor atracción de los consumidores.
Cuantos más fumadores existan y más adicción haya, estará más asegurado el futuro del mercado. Se ha comprobado que de las cinco mil sustancias que lleva el tabaco alrededor de cincuenta son cancerígenas.
Entre los elementos que se han podido detectar en un cigarrillo están: naftalina, que es un antipolillas; polonio, que es un elemento radiactivo; arsénico y cianuro, que son venenos; amoniaco, que se utiliza para la limpieza; cadmio y níquel, que se usan en baterías; monóxido de carbono, que es un gas altamente tóxico; alquitrán, se trata de una sustancia oscura y pegajosa, usada en la elaboración de los plásticos, el asfalto y el jabón y que se pega a los alveolos pulmonares y así podríamos continuar mencionando elementos ajenos al organismo humano y dañinos.
Pero no únicamente la afición al tabaco puede ser un desencadenante de enfermedades tan temibles como el cáncer de boca, labios, laringe, faringe, pulmón, vejiga, cuello de útero... sino que también produce otras enfermedades como bronquitis, úlceras e importantes deficiencias cardiorrespiratorias y cardiovasculares llegando en un porcentaje elevado de casos a producir la muerte.
Los laboratorios han ideado diferentes productos para facilitar el abandono del consumo como chicles, parches de nicotina y comprimidos. Además de la terapia química, no hay que olvidar que, también se puede contar con ayuda psicológica.
Es importante que las comunidades autónomas, independientemente del signo político, se tomen en serio el tema y no jueguen con la salud de los ciudadanos para conseguir otros fines que no sean la protección de su derecho a la salud.
En algunas comunidades autónomas, la ley tiene desarrollada legislación de aplicación; este no es el caso de la Comunidad de Madrid, que al no actuar parece no dar importancia al tema.
De la carencia de reglamentación se deriva una mayor tolerancia al consumo y una mayor indefensión para los no fumadores.
A pesar de que se conoce que el tabaco deteriora la salud, a algunas personas les resulta prácticamente imposible dejar de fumar, debido a los productos que incorpora la industria tabaquera a los cigarrillos.
Si se examina la composición del tabaco se pueden encontrar alrededor de cinco mil sustancias tóxicas. Algunos de estos elementos son añadidos con el propósito de incrementar la adicción del fumador, otras para mejorar el aroma y el sabor del tabaco procurando una mayor atracción de los consumidores.
Cuantos más fumadores existan y más adicción haya, estará más asegurado el futuro del mercado. Se ha comprobado que de las cinco mil sustancias que lleva el tabaco alrededor de cincuenta son cancerígenas.
Entre los elementos que se han podido detectar en un cigarrillo están: naftalina, que es un antipolillas; polonio, que es un elemento radiactivo; arsénico y cianuro, que son venenos; amoniaco, que se utiliza para la limpieza; cadmio y níquel, que se usan en baterías; monóxido de carbono, que es un gas altamente tóxico; alquitrán, se trata de una sustancia oscura y pegajosa, usada en la elaboración de los plásticos, el asfalto y el jabón y que se pega a los alveolos pulmonares y así podríamos continuar mencionando elementos ajenos al organismo humano y dañinos.
Pero no únicamente la afición al tabaco puede ser un desencadenante de enfermedades tan temibles como el cáncer de boca, labios, laringe, faringe, pulmón, vejiga, cuello de útero... sino que también produce otras enfermedades como bronquitis, úlceras e importantes deficiencias cardiorrespiratorias y cardiovasculares llegando en un porcentaje elevado de casos a producir la muerte.
Los laboratorios han ideado diferentes productos para facilitar el abandono del consumo como chicles, parches de nicotina y comprimidos. Además de la terapia química, no hay que olvidar que, también se puede contar con ayuda psicológica.
Es importante que las comunidades autónomas, independientemente del signo político, se tomen en serio el tema y no jueguen con la salud de los ciudadanos para conseguir otros fines que no sean la protección de su derecho a la salud.
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