miércoles, 6 de mayo de 2009

SONETO XXV




Después del amargor del día la dulzura de un poema.
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Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu pobreza y tu belleza
llenaron el otoño de regalos.



Pablo Neruda

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