
Sobre cadáveres, sobre confortables
miserias de carne vieja y triste,
dormían sus delicias conyugales.
Macerados dolores y vísceras cansadas
-la filtración de días, hábitos y lluvias-
unían sus dos vidas ablandadas.
Y los hijos:
los harapos mojados
de la música muerta de un amor imposible
formaban fangos dulces, cunaban su fracaso.
Gabriel Celaya
1 comentario:
Tremendos versos. Me encanta tu blog.
Un beso.
Jose Maria
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