domingo, 10 de mayo de 2009

G. CELAYA



Sobre cadáveres, sobre confortables
miserias de carne vieja y triste,
dormían sus delicias conyugales.

Macerados dolores y vísceras cansadas
-la filtración de días, hábitos y lluvias-
unían sus dos vidas ablandadas.

Y los hijos:
los harapos mojados
de la música muerta de un amor imposible
formaban fangos dulces, cunaban su fracaso.

Gabriel Celaya

1 comentario:

José María. dijo...

Tremendos versos. Me encanta tu blog.

Un beso.

Jose Maria