
Iglesia Santa María de los Reyes
(Laguardia, Alava)
Estos días recuerdo con frecuencia un viaje que realicé por tierras de Alava, Navarra y La Rioja. Me hospedé en una casa rural, muy bien decorada, con un molino de agua que comenzaba a funcionar, a las cinco de la mañana, cada día. Ahora, por fin, consigo recordar el nombre del pueblo: "Peñacerrada". Un lugar casi desierto. Durante aquella semana aproveché, con mi marido y mi hija, para hacer excursiones por los pueblos de los alrededores.
Conocí Vitoria. Vi gigantes y cabezudos que no veía desde mi infancia y cómo los forzudos aserraban troncos inmensos de árboles. A los vascos les encanta las competiciones de fuerza y además dicen que son muy fanfarrones.
Durante aquellos días de vacaciones también visité Laguardia. En este pueblo nacieron mis abuelos maternos; pertenece a la Rioja Alavesa. Es un pueblo amurallado, con vestigios medievales. En sus alrededores se contemplan monumentos prehistóricos (taludes, dolmenes...) Uno de los espectáculos más impresionantes que tiene Laguardia es el pórtico gótico, aún policromado, que conserva la iglesia Santa Maria de los Reyes. La primera vez que me tope con aquello me quede, literalmente, con la boca abierta.
El pueblo no permite la circulación de vehículos por sus calles, debido a que se encuentra completamente horadado por las bodegas. He leído que, en algunas ocasiones, las bodegas son mucho más grandes que las casas. Una de las cosas divertidas que se pueden hacer por allí es ir a conocer bodegas abiertas al público. A mí me encanta.
De ese viaje rememoro el placer de comer. Nunca he vuelto a comer tan bien como durante aquellos días. En sus cocinas están las manos de los ángeles elaborando platos exquisitos y que luego sirven en abundancia acompañados de un buen vino de cosechero, de esa manera logran convertir, cada vez, la hora de comer en una fiesta.
Mis abuelos estaban muy orgullosos de su tierra.
¡Tiempos felices! y un lugar para volver a visitar.
--------------------------
La serpiente y la lima
En casa de un cerrajero
Entró la Serpiente un día,
Y la insensata mordía
En una Lima de acero.
Díjole la Lima:
«El mal, Necia, será para ti;
¿Cómo has de hacer mella en mí,
Que hago polvos el metal?»
Quien pretende sin razón
Al más fuerte derribar
No consigue sino dar
Coces contra el aguijón.
---------------
Felix Mª de Samaniego (Laguardia 1745-1801)