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Hoy he cenado con una amiga en la terraza del "Café de oriente", que se encuentra frente al Palacio Real, según mi opinión, es una de las zonas más bonitas de Madrid.
Me ha sorprendido que, en un establecimiento tan especial y que posee un cierto prestigio, el personal contratado carezca de un mínimo de preparación para realizar sus tareas profesionales. No comprendo como no invierte la empresa en formar a sus empleados para mejorar el servicio y no caer en la vulgaridad de cualquier bar de barrio con terraza. Bueno, la única diferencia es el uniforme de sus empleados.
Cuando estaba metiéndome en la boca una deliciosa tosta de salmón, se ha acercado un camarero, proveniente del otro lado del Océano, para servirnos la segunda cerveza. Al acercarse me ha mirado y cuando depositaba la bebida sobre la mesa le he oído decir: " Yo tengo algo mejor para darte". En ese momento el trozo de tosta que entraba en mi boca ha estado a punto de salirse de la impresión. Por supuesto no le he preguntado que era lo que tenía.
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