viernes, 1 de agosto de 2008

EN EL JARDIN CRISTIANO










Hay descubrimientos dolorosos que nos ayudan a olvidar aquello que, debió borrarse de la memoria, hace mucho tiempo. Así, dejamos de amar, a fuerza de decepciones.
Cuando una puerta se cierra, siempre se abre una ventana.



---------------------

Había un jardín árabe. Otro jardín cristiano.
Parecía un palacio soñado sobriamente
para otros aristócratas. Era una fundación
en el centro remoto de una isla en el centro
del mar. Los propietarios eran dos arquitectos.
Conocían los nombres de cada planta rara
en idiomas distintos, y en el latín botánico.
Recorrimos con calma una ligeramente
extravagante y magna colección de pintura.
Y admiramos el lujo secreto de su casa.
Cuando ya nos marchábamos hacia nuestra rutina,
alguien me tendió un fruto en el jardín cristiano,
recién mordido, gotas de fruta y su boca.
Me gustó lo que nunca antes me había gustado.

Juan Antonio González-Iglesias

No hay comentarios: