jueves, 7 de agosto de 2008

LA IGLESIA





"La Forja" pertenece a la trilogía "La forja de un rebelde" se trata de libro autobiográfico escrito con la sencillez de un hombre inteligente, nacido en Extremadura y criado en el Madrid de principios del siglo XX.

Arturo Barea, procedente de la clase humilde y de la que su corazón no parece separarse en ningún momento, es criado por sus tíos, de clase acomodada y creyentes, ante la imposibilidad de su madre de hacerse cargo de él. La madre de Arturo, lavandera del río y viuda con tres hijos, siempre está presente en Arturito, que la defiende a capa y espada ante cualquier comentario impertinente de su tía.

Uno de los capítulos más divertidos del libro es el que trata de la iglesia; en él se muestra la visión de un niño que comienza a mirar el mundo que le rodea con la actitud de un observador despierto.

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"El padre Vesga dice que es pecado acercarse a las mujeres. En la iglesia de San Martín, don Juan, que es un cura muy bueno que hay allí, estaba un día en la sacristía con una mujer. La tenía sentada encima de él y las manos metidas en la blusa. Cuando entré yo se pusieron muy colorados los dos y el cura vino a decirme que me marchara que la estaba confesando".
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"Los únicos buenos son los que tienen dinero y todos los demás son malos. Cuando protestan les dicen que tengan paciencia, que ganarán el cielo y que no importa nada lo malo que se pasa en esta vida. Al contrario, que es un mérito, y son dignos de envidia; pero yo no veo que, para ganar el cielo, los ricos se metan a pobres".
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"Pagando, los curas dicen misas y dan millones de indulgencias. Si se muere un pobre y Dios le condena al Purgatorio a cien mil años y su viuda no puede pagar más que una misa de tres pesetas, no tiene más que dos o tres mil días de indulgencia. Pero si se muere un rico y paga un funeral de primera clase, aunque Dios le condene a millones de años de Purgatorio, se reúnen tres curas, le dicen una misa cantada con órgano y todo y le dan una indulgencia plenaria. Al día siguiente de morirse ya está en el cielo. El que tiene miles de pesetas para ir a Lourdes, puede ser que esté cojo y vuelva andando. Pero si no puede ir a Lourdes, entonces de queda cojo toda la vida, porque la virgen no hace milagros más que con los que van allí."
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"Pero ahora ya no puedo evitar el comparar todas las cosas que veo con esta idea de un Dios absolutamente justo, y me asusto de no encontrar su justicia por ninguna parte."
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