
Ya estoy de vuelta de mi viaje por las capitales bálticas.
Hay dos cosas que he observado durante el viaje :
La primera es que somos mal educados en general. Los españoles no nos respetamos. Todo vale con tal de ser los primeros, incluso aunque ser el primero no reporte ningún beneficio claro. Conseguimos ocupar el primer puesto a base de empujones, de codazos, de colarnos sin respetar los turnos y de colar a nuestros amigos, sin enrojecer. Reservamos mesas para las que la reserva esta explícitamente prohibida y, no nos importa, ver al vecino doblado de tanto estar de pie, con tal de guardar el asiento vacío a alguien que posiblemente ni aparezca. Bebemos en exceso, sin ningún miramiento ni pudor, siempre que el precio de la bebida se incluya en el pasaje, es decir, somos mezquinos. Una de las curiosidades que he podido observar es como un "señor" robaba el asiento a otro, que se encontraba bailando con su pareja, durante un espectáculo organizado en el barco, ¡verdaderamente bochornoso! Por supuesto, no pedimos perdón por nada.
Como contraste están los alemanes, al menos en cuanto a empujones se refiere. Durante las visitas guiadas a los monumentos a mí me gusta separarme del grupo para hacer fotografías y mirar lo que me apetece por lo que a menudo me pierdo. En una ocasión, buscando a mi grupo, me metí en medio de un grupo de alemanes, de edad avanzada, que salían de la catedral. No me lo podía creer, a pesar de la estrechez de la salida, ni siquiera me rozaron y observe que entre ellos la distancia, el espacio íntimo, era respetado.
La segunda cosa aprendida es que el poder adquisitivo no es sinónimo de educación. Los mejor vestidos, los más enjoyados y los más estirados por la seguridad que da el dinero se comportan con la misma falta de educación, que los menos afortunados económicamente, cuando se trata de ser los primeros.
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