sábado, 22 de noviembre de 2008

SONETO EN GUERRA






¿Por qué en las guerras Dios nunca se olvida
de azuzar a los bandos y a la muerte?
¿por qué será que el hombre no lo advierte
y apoya la canónica embestida?

no hay guerra sin un dios que la presida
bendiciendo la sangre que se vierte
y el odio de los bravos se convierte
en una inesperada canonjía

hay quien sale en la busca de un amparo
donde no haya devotos ni profeta
y no se meta un santo en el jaleo

de pronto el intuitivo lo ve claro /
ya que no hay religión sin metralleta
por las dudas elige ser ateo
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Mario Benedetti

miércoles, 12 de noviembre de 2008

CAMPO DE AMAPOLAS BLANCAS






"El hecho de acercarse a una muchacha desconocida con pretensión galante encerraba para él todos los ingredientes de la tragedia clásica y con ese sentido de representación escénica inició los ensayos del desamor. Para adentrarse en aquel mundo nebuloso, lo primero que hizo, en el titubeo de los comienzos, de acuerdo con su sensibilidad dramática, fue adoptar una máscara impulsiva. Así, mientras nosotros bebíamos cerveza para ser o parecer mayores, para pasar el rato, para comer tapas de tortilla, chistorra o pestorejo, H bebía cerveza (y más tarde ginebra y ron y mejunjes exóticos) para diluirse y disfrazarse, esto es, para adquirir la desenvoltura que le permitiera esgrimir ante las muchachas el ingenio y la elocuencia que ante nosotros brotaban espontáneamente..."

"Amaba a la mujer en cuanto tal y, en consecuencia, se enamoró de todas las muchachas: del curso, del instituto, de Murania. Así, mientras los demás sufríamos por una mujer particular y la inmediatez de su cuerpo o su mirada, H sufría por la mujer, y, en este caso, la determinación universal del sustantivo era una dolorosa contrariedad aristotélica."

Gonzalo Hidalgo Bayal (Caceres 1950)

SABOR A MÍ









Me gusta escuchar a los músicos callejeros al traspasar los corredores de metro. Me alegran el trayecto. Algunas veces recupero, gracias a ellos, canciones perdidas, como la canción que he puesto en esta entrada, que al oírla, hace algunos días, cuando me disponía a comenzar una de mis incursiones por el corazón del Madrid más pijo, me hizo vibrar y rememorar otros tiempos.