"El hecho de acercarse a una muchacha desconocida con pretensión galante encerraba para él todos los ingredientes de la tragedia clásica y con ese sentido de representación escénica inició los ensayos del desamor. Para adentrarse en aquel mundo nebuloso, lo primero que hizo, en el titubeo de los comienzos, de acuerdo con su sensibilidad dramática, fue adoptar una máscara impulsiva. Así, mientras nosotros bebíamos cerveza para ser o parecer mayores, para pasar el rato, para comer tapas de tortilla, chistorra o pestorejo, H bebía cerveza (y más tarde ginebra y ron y mejunjes exóticos) para diluirse y disfrazarse, esto es, para adquirir la desenvoltura que le permitiera esgrimir ante las muchachas el ingenio y la elocuencia que ante nosotros brotaban espontáneamente..." "Amaba a la mujer en cuanto tal y, en consecuencia, se enamoró de todas las muchachas: del curso, del instituto, de Murania. Así, mientras los demás sufríamos por una mujer particular y la inmediatez de su cuerpo o su mirada, H sufría por la mujer, y, en este caso, la determinación universal del sustantivo era una dolorosa contrariedad aristotélica."
Gonzalo Hidalgo Bayal (Caceres 1950)